ARGENTINA

HACIA EL NOROESTE: LA PRECORDILLERA.

 

Todo país tiene una capital. Toda capital tiene un centro. Todo centro su "city", la city sus rascacielos, y desde allá arriba el mundo se ve de otra manera...Buenos Aires, desde allá donde se encuentran Avda Córdoba y Avda Eduardo Madero, donde se levantan las torres de las multinacionales norteamericanas, en alegre competencia con otras españolas, sobre las aguas del Mar del Plata, la Casa Rosada se ve muy pequeñita allá abajo.

Pedro de Mendoza, fundador de la ciudad de Buenos Aires en el 1536 conocía de los objetos de plata que los indios indígenas utilizaban sin darles especial valor, y seguramente participó de la Gran Ilusión por ver un día la nueva ciudad como centro al que llegaran las inmensas riquezas en plata que debían encontrarse río arriba. Como otros mitos americanos, así perdió su anterior nombre el inmenso río Solís (tributos a los descubridores y naúfragos de la expedición de Juan Díaz de Solis), que pasó a llamarse Río de la Plata. Como la región se llamaría a partir del 1602 Argentina, nombre que sería oficialmente designado para el nuevo país independiente, al adoptarlo así el Presidente Santiago Derqui en 1860. Todo ello sin que jamás se haya conocido rastro de este mineral, la plata o el "argentium"en tierras argentinas.

Anécdota o no, acá estamos, repasando junto a las tranquilas aguas del renovado Puerto Madero si este país con sus misterios, la permanente búsqueda de un destino, sus tópicos, sigue viviendo en la ilusión de los bonaerenses, mientras que mas allá de la gran ciudad, Argentina es una realidad de vida diaria normal, ajena, latiendo tranquila en la inmensidad de sus tierras y paisajes.

Mas allá de la capital, la provincia, 600 km de diámetro salpicados de ciudades y pueblos, La Plata, Luján, Dolores,...hasta 11 millones de habitantes. Dejamos Buenos Aires y su conurbación remontando el Río de la Plata, rumbo norte, un horizonte sin fin salpicado por la sucesión de lagunas coloreadas contra los verdes campos, de meandros y giros en marrón del que ya ha pasado a llamarse Río Paraná, navegable en todo su curso, y enlazando Buenos Aires con algunas de las principales ciudades argentinas, Rosario y Santa Fé, eje geográfico, fluvial y económico de la mitad norte de Argentina. Estamos en la Pampa, una planicie sin fin que el argentino ha transformado y adaptado especialmente al uso ganadero, con pastos apropiados y bosques, unos de aprovechamiento intensivo, pino y eucalipto, otros mas adaptados, con árboles como el ombú bajo cuya enorme copa de mas de 30 m cabe a la sombra una buena partida de ganado. Territorio también de venados y zorros, carpinchos y mofetas. Y de una rica fauna vinculada al agua, garzas y flamencos, o pescados enormes como el pejerrey. En suma, un paisaje que podemos recorrer en magnífica visión desde al aire, gracias a nuestros pilotos, Nahuel y Alex, a los mandos de la Cessna que sigue dócil el curso del río.


 

Y salpicando la interminable llanura, dejándose acariciar por las aguas del río, la visión aquí y allá de las trazas de la ciudad americana, el dibujo perfectamente ortogonal de S. Pedro, de Ramallo, de tantas y tantas ciudades americanas, como ejemplos de una ordenación de fuero real, dado tempranamente por Carlos I en las Leyes de Indias, y que quiso regular la perfección para un nuevo mundo, sin grandes nombres de la urbanística detrás, simplemente ortogonal, rotunda, y sin embargo adaptada hoy de modo natural a la llanura eterna y a sus grandes rutas de rectas no menos eternas.

Volvemos al suelo, a la carretera que nos ha de conducir desde Santa Fe hasta Santiago del Estero, atravesando el sector mas occidental de la antigua región del "chacu"(tierra de caza) en lengua quechua. Una llanura inacabable, donde los indios vivían de la caza, de la pesca, y que hoy es la pesada Ruta 34, una recta sin fin, aburridamente decorada con zonas pantanosas en época de lluvias, reseca y dura en verano. Cereales, vacas, y un horizonte que parece escapar a nuestros deseos de alcanzarlo. Y mas allá, al otro lado de S.Miguel de Tucumán se anuncian por fín las primeras estribaciones de la precordillera.

Tucumán repite en su entorno un paisaje demasiado generalizado de chabolas y pobreza, y que proclama la realidad de la Argentina actual, un cinturón urbano común a las principales ciudades, quizás mas llamativo aún aquí, por ser Tucumán centro económico y también cultural del noroeste, activa, populosa, en crecimiento. Centro de una región tradicionalmente dedicada a la caña del azucar, introducida por los jesuitas, recientemente diversificada hacia el tabaco y otros productos, lo que no impide periódicas huidas desde el campo, de nuevas gentes que vienen a engrosar el chabolismo. Y también periodos florecientes, en los que la ciudad revive y se relanza su vida nocturna y alegre, famosa en el cancionero, concentrada en torno a la llamada plaza de Urquiza.

La ciudad acoge algunos de los elementos simbólicos de la historia argentina, pues fue cuna de la Independencia, declarada el 9 de julio de 1816 entre los muros de la "Casa Histórica de la Independencia", calle Congreso 151, reconstruida en 1943 a partir de documentación de la original, y que acoge mobiliario, armas, etnografía y documentación original, siempre con el cultivo del mito de los hombres que tomaron aquella histórica decisión, con el General S.Martín en vanguardia. El conjunto se completa con una sucesión de cuidados patios de acuerdo con la tipología típica de la "hacienda". En el último, una enorme colección de bajorrelieves conmemorativos (sin faltar de Lola Mora, la escultora argentina referencia ineludible), componiendo un telón de fondo curioso a los espectáculos de luz y sonido nocturnos.

 

Cercano, calle Congreso 56, está el "Museo Histórico Provincial Presidente Nicolás Avellaneda", en la que vivió su niñez el presidente que la da nombre, y que dirigió la nación de 1874 a 1880, época en la que Buenos Aires se unió a la federación y paso a ser Capital Federal. Mas que palacio, estamos ante una casa urbana con patio de comienzos del XIX (1835), de imagen tardobarroca española, y que acoge una colección de documentos, cerámicas, y muebles de época. En la sala superior, una breve biografía del mito artístico nacional, Lola Mora, con algunos objetos personales y una curiosa colección de su autoría, de retratos de presidentes del país.

Otras visitas de interés en la ciudad son el Parque 9 de Julio, inmensa área de recreo conmemorativa de 100 Ha, interesante ejercicio de arquitectura del paisaje, y que en su interior acoge la Casa del Obispo Colombres, construcción colonial del XVIII, hoy museo azucarero; la catedral y las iglesias de S. Francisco y la Merced. Y múltiples referencias al otro héroe de la Independencia, el General Belgrano y la famosa batalla de Tucumán, cuya historia podrá oír repetida por doquier.

Salta, capital de la provincia del mismo nombre, nos acoge con la perspectiva de las montañas de fondo. Bella, rica, burguesa, sus calles, sus edificios, muestran una cuidada herencia del esplendor dieciochesco; entre sus gentes, el mestizaje ha transmitido también lo mejor de las dos razas originales.

Y en el paisaje, montes, valles y quebradas conforman una antesala esplendorosa, exuberante, previa a la quietud del altiplano. Territorio diverso en el que la naturaleza ha repartido con profusión toda su variedad; desde espacios selváticos subtropicales sorprendentes, en el llamado "Camino de cornisa" que conduce hacia Jujuy, o el paisaje de montaña camino de S.Antonio de los Cobres, con el conocido "tren de las nubes"; pero también, la provincia de Salta, en particular Cafayate y su entorno, atesora los mejores viñedos del país, sirviendo ya en el mercado internacional vinos de prestigio, al punto de que son ya varias las bodegas españolas, francesas, etc que están comenzando a producir acá.

Todo ello hace de Salta un lugar ideal como base para el turismo de aventura, sea en tren (infórmese de tramos cerrados o en obras), en el llamado "Movie Track", un invento de camión descapotable que ha hecho furor, o en 4x4 con las diversas agencias que proliferan en la ciudad. Destinos, hacia los valles calchaquíes, la Puna, o S. Antonio de los Cobres-Chile.

Volvamos Salta-ciudad. Fundada en 1582 por Hernando de Lerma, su apellido da nombre al rico valle en el que se ubica la ciudad. La arquitectura colonial está presente por doquier, en el valle y en la ciudad. Soportales en núcleos rurales dan una idea de la riqueza local y la vitalidad del comercio; pero también en la propia Salta, con el Ayuntamiento, de origen s.XVII, y las ricas construcciones burguesas, como el academicista Centro Cultural América, un proyecto de Arturo Prims, construido por los ingenieros Correa y Cornejo; o la arquitectura religiosa, que ofrece algunos ejemplos pretenciosos hacia el clero y el fervor local, cual es la propia catedral, del s.XIX, un diseño no demasiado llamativo de los italianos Riguetti y Soldati, terminada en 1882 colocando sobre el altar mayor una descomunal custodia que se ha convertido en imagen representativa del templo; o finalmente, arquitecturas religiosas que reflejan el poder de las órdenes en la evangelización, en este ejemplo la Iglesia y Convento de S. Francisco, con su curiosa torre exenta neorrenacentista del s.XIX, como el templo, obra todo el conjunto del franciscano Luis Giorgi que también trabajó en la Catedral.

 

EL ALTIPLANO: LA PUNA

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